 |
| Cangas de Onís |
A pesar de los múltiples atractivos que el concejo de Cangas de Onís ofrece a sus visitantes, continúan siendo sus especiales características orográficas e hidrográficas las que constituyen el mayor de sus atractivos.
Ríos, bosques y montañas convergen armónicamente en un onírico Edén, en un auténtico paraíso de silencio y espiritualidad tan bello que a veces resulta difícil dar crédito a la vista e, incluso, los pensamientos se encuentran manejados por la alquimia de la naturaleza.
La exabrupta formación de su relieve hace que muchas de sus míticas montañas guarden el secreto secular de la vida en sus coronas blancas de nieve, como Peña Santa de Enol (2498 metros), la segunda cumbre más elevada del Macizo Occidental (también denominado del Cornión) de los Picos de Europa. De los tres macizos de que constan estos picos, éste es el más extenso y pintoresco. Son muchas las cumbres que sobrepasan los 2000 metros: Peña Santa de Castilla (2596 metros), Torres de Cebolleda (2438, 2420 y 2380 metros), Torre del Medio (2465 metros), la Forcadona (2290 metros), entre otras. Jous, riscos, peñascales, sierras dentosamente festoneadas, como las de Covadonga, Següenzo y Gamonedo, se elevan sobre un tapiz profuso y verde; minúsculos desde lo alto, aparecen tímidos pueblecitos y aldeas sumidas en un apacible sueño floral.
En toda la extensión del territorio cangués, numerosos ríos, arroyos y manantiales llevan en la gelidez de sus aguas el candoroso sabor de la montaña.
 |
| El sella en su desembocadura en Ribadesella |
El río Sella (72 kilómetros de recorrido) nace en Juseya, en la vaguada del collado Pontón. A nueve kilómetros de su nacimiento entra en territorio astur para no abandonarlo hasta su desembocadura en Ribadesella. Hasta su llegada a Cangas de Onís, el Sella surca impetuoso las estrechas oquedades que a fuerza de erosión fue ganando a la montaña. Cascadas, torrentes, rápidos y rabiones hacen que su curso se convierta en un vertiginoso descenso en busca de terrenos menos depresivos. Entre otros afluentes, recibe al Ponga, al Dobra, al Güeña y al Piloña, ya en la localidad de Arriondas. Es a partir de aquí cuando el Sella se hace más caudaloso y permite que embarcaciones de recreo admiren de cerca su singular belleza.
Cangas de onís está asentada en el hermoso valle ribereño formado al unísono por el Sella y el Güeña. Este último río, nacido en las fuentes de la Robellada (Onís), recorre 19 kilómetros antes de unir sus aguas a las del Sella. Son sus afluentes más importantes el Tabardín, el río Chico, el Covadonga y el Piedrafita.
 |
| Río Dobra |
Otro de los más importantes ríos del concejo es el Dobra. Nace en Abedular, en la sierra de Caballo (León), y su curso sirve de límite provincial. La belleza de sus 22 kilómetros de recorrido permanece muchas veces oculta por su difícil acceso. A lo largo de nueve kilómetros, el Dobra transcurre por un impresionante valle, encajonado entre la abruptuosidad de sus paredes. Sus principales afluentes son el Ponga, el Parda y el Zardón. A 200 metros de su unión con el Sella se encuentra el Puente Romano del Dobra, en perfecto estado de conservación.
 |
| Puente Romano sobre el río Dobra |
El Parque Nacional de la Montaña de Covadonga, los lagos y los Picos de Europa, por su importancia, merecen capítulo aparte. La riqueza biológica del concejo de Cangas de Onís es, sin lugar a dudas, una de las más importantes de la geografía española, no sólo por la variedad de sus ecosistemas, sino también por la exuberancia de su población arbórea, de su flora y de su fauna.
Las zonas bajas están asentadas en los valles ribereños del Gueña y del Sella. Aquí predominan las hermosas praderas de siega, cultivos de cereales, leguminosas y tubérculos. También tiene una gran importancia la horticultura (ajo, cebolla, lechuga...) Abundan los árboles frutales: manzanos, ciruelos, perales, etc...
En las zonas próximas a la baja montaña comienzan a sucederse los bosques mixtos de castaños, avellanos, fresnos y sauces. A medida que se asciende, domina el matorral alternándose con los denominados pastos invernales. Las masas boscosas están formadas por hayas, siendo éste el árbol más característico del Parque Nacional de la Montaña de Covadonga.
En la zona de alta montaña, la vegetación ofrece un llamativo contraste con la grisácea caliza. No hay masas boscosas y predominan los matorrales de enebro y una extensísima variedad de plantas silvestres (campanas azules, orquídeas, tiraña, beleño, acónita, y un largo etcétera), muchas de ellas de cualidades medicinales (té, valeriana, genciana amarilla, sanguinaria, manzanilla, ...)